
Asistimos: Nico C, Sordo, Natalia, Tatiana y Nico B
Duración: de 8 a 11. 30
A pesar de lo aventurado de la empresa, por lo sabatina y lo nublado de la mañana, el timbre decidido, impertérrito y omiso del día de la semana que estaba naciendo, sonó a las ocho en punto. No recuerdo quien fue el primero, lo cierto es que no muy alejado temporalmente de ese primer arribo, el grupo estuvo reunido casi en hora.
El cielo se ponía cada vez más espeso y nosotros lagañosos refugiados alistábamos los últimos preparativos del taller entre mates y panes con manteca. Los penúltimos, habían preparados por el equipo de producción, Tatiana y Ángel, el día anterior.
Recortamos algunos papeles, repasamos lentamente cada una de las etapas y coincidimos en que si algo salía mal no sería por falta de tiempo.
Afortunadamente, ese día por azaroso devenir de la suerte, podríamos ir en auto y gentilmente rechazamos la invitación del chofer de copsa que casi nos pasa a buscar por la puerta del escritorio de la Licenciada Sagrada Tucci, nuestra insustituible trinchera.
Así, sumando bizcochos a la propuesta desayunativa, emprendimos viaje.
El disco de Intoxicados empezó a saltar y cambiamos de género abandonándonos a los regaees de Marley. Un paralelismo psicocósmico sucedió en nuestras silenciosas procesiones internas y la mansa lluvia que se abría paso frente a la negativa de los limpiaparabrisas.
Llegamos y nadie nos esperaba esa vez. La UTU de puerta entornada, se perdió de nuestro impulso y de la armoniosa mañana que intentábamos corresponder.
Duración: de 8 a 11. 30
A pesar de lo aventurado de la empresa, por lo sabatina y lo nublado de la mañana, el timbre decidido, impertérrito y omiso del día de la semana que estaba naciendo, sonó a las ocho en punto. No recuerdo quien fue el primero, lo cierto es que no muy alejado temporalmente de ese primer arribo, el grupo estuvo reunido casi en hora.
El cielo se ponía cada vez más espeso y nosotros lagañosos refugiados alistábamos los últimos preparativos del taller entre mates y panes con manteca. Los penúltimos, habían preparados por el equipo de producción, Tatiana y Ángel, el día anterior.
Recortamos algunos papeles, repasamos lentamente cada una de las etapas y coincidimos en que si algo salía mal no sería por falta de tiempo.
Afortunadamente, ese día por azaroso devenir de la suerte, podríamos ir en auto y gentilmente rechazamos la invitación del chofer de copsa que casi nos pasa a buscar por la puerta del escritorio de la Licenciada Sagrada Tucci, nuestra insustituible trinchera.
Así, sumando bizcochos a la propuesta desayunativa, emprendimos viaje.
El disco de Intoxicados empezó a saltar y cambiamos de género abandonándonos a los regaees de Marley. Un paralelismo psicocósmico sucedió en nuestras silenciosas procesiones internas y la mansa lluvia que se abría paso frente a la negativa de los limpiaparabrisas.
Llegamos y nadie nos esperaba esa vez. La UTU de puerta entornada, se perdió de nuestro impulso y de la armoniosa mañana que intentábamos corresponder.
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